domingo, 24 de abril de 2016

La sociedad cerrada y sus amigos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Karl Popper escribió La sociedad abierta y sus enemigos. Se trata de una gran obra, en dos volúmenes, que fue publicada en Londres (Routledge, 1945) tras haber tenido problemas para su publicación en EEUU. Popper critica el historicismo teleológico, basado primero en Platón y después en Hegel y Marx, que asume que la historia sigue indefectiblemente unas leyes universales.
El concepto de sociedad abierta lo toma de Henri Bergson, quién lo contrapone con sociedad cerrada. En Las dos fuentes de la moral y de la religión estudia los rasgos diferenciales de ambas. El resumen que se puede hacer a partir de este autor es el siguiente:
La sociedad abierta es humanista, racional e individualista, regida por normas jurídicas y morales, crítica y dinámica, plural, diversa y democrática. Sus gobiernos son tolerantes y responden a sistemas políticos transparentes y flexibles, donde la libertad y los derechos humanos individuales constituyen el fundamento social.
La cerrada es tribal, colectivista, mágica e irracional, regulada por tabúes, dogmática y estática, semiorgánica, uniforme y totalitaria, donde prima el relativismo cultural, donde la cultura es un sistema cerrado sobre sí mismo. El futuro está determinado por el pasado y los derechos individuales son sometidos sin miramiento a la tradición (defensa de la ablación del clítoris en base al respeto a la tradición, por ejemplo).
En las sociedades cerradas puede vislumbrarse un continuo entre dogmatizador, dogma y dogmatizado. El acceso tranquilo de la ideología a los más humildes practicantes permite la difusión, pausada y pautada de los dogmas como las pequeñas olas en las playas de un Mediterráneo en calma. La absorción lenta de las dosis de dogma que cada cual vaya tolerando, a su ritmo, sin prisa ni pausa, como un calado fino, asegura una digestión sin sorpresas ni vómitos por intolerancia.
Todo vale para que las grandes leyes del historicismo teleológico sigan vivas. Dios, patria y Rey… al que posteriormente se añadió el Fuero. En el Siglo XIX, antes de Popper y  de Bergson, ya teníamos aquí la sociedad cerrada. Entonces se llamó  Carlismo, y en esencia se oponía a la innovación que traían los Borbones y el afrancesamiento.
El Carlismo, como sociedad cerrada, luchó, y lo sigue haciendo igualmente hoy,  contra los cambios sociales propios del momento. Han cambiado de nombre, pero la esencia es la misma: lucha contra el cambio social y las derivadas que de ello se deduzcan. Caras modernas, uso de la sonrisa publicitaria o de las urnas democráticas… pero eso solo son las formas. El fondo: Dios, Patria, Rey y Fuero. 
Todo este frívolo vodevil, y otros,  que estamos viviendo en Cataluña, donde el envoltorio y la estelada importan más que desahucios, sanidad y enfermos, o escolares semianalfabetos tras 13 o 15 años de escolaridad obligatorio (por supuesto, en catalán), ocultan una ideología Carlista.
Para unos pocos el nacionalismo es un negocio, para una parte es una religión, y para otros, la mayoría silenciada, para los no nacionalistas, un suplicio.
El diario económico Expansión ha definido un grupo de poder que concentra “in eternum” la Oligarquía Catalana, y se ha referido a él como el G-16 (Grupo 16). Es el auténtico Sanedrín que agrupa a las principales instituciones de la sociedad catalana, con reuniones bisemanales, discretas cuando no secretas, donde se debate sobre los asuntos más importantes de Cataluña.
Lugares de encuentros comunes del G-16 son Círculo Ecuestre, el Orfeo, el Liceo, el Ateneu, el Real Club de Polo, la Cámara de Comercio, el Ordeo Català, los Palcos VIP del Camp Nou, etc...
Allí están representados desde los intereses del Barça, el Club de Tenis hasta los del Mass Media del Conde de Godó, pasando por  la Banca Mas Sardà, etc y no se da puntada sin hilo.
Felix Millet, quien confesó haber desviado varios millones de euros con la contabilidad del Palau de la Música para financiar CDC…, y que yo sepa aún no está en la cárcel, refiriéndose a esta Oligarquía Catalana, lo definió muy bien: somos pocos pero siempre somos los mismos.
En una entrevista, Albert Rivera, de Ciudadanos, se refería a las 100 familias que en estos momentos se reparten el Poder en Cataluña. Están en los Consejos de Administración de las empresas, en los escaños del Parlament, en las entidades más relevantes del Deporte y la Cultura catalana, y son los directivos que manejan los Grupos de Comunicación.
Tres o cuatrocientas personas, que llevan siendo los mismos, cientos de años. Si. Estamos en manos de 100 familias pudientes, organizadas, con los roles repartidos para cubrir todos los francos (Comunicación, Banca, Infraestructuras, Energía … y Partidos Políticos). Estos últimos, no sé si con alguna excepción, también trabajan para el G-16, transversalmente, sin dejar huecos, de izquierda a derecha y de arriba abajo… aunque es posible que no todos los miembros de dichos partidos lo sepan.
Una observación atenta, incluso pormenorizada de lo que pasa en Cataluña, y también lo que ha estado pasando en el siglo pasado, nos puede ayudar a una explicación probable de los hechos que acontecen. En el escenario catalán podemos intuir unos personajes y percibir explícitamente otros. Estos son los enemigos de la sociedad abierta… por orden de importancia. Veamos.
Los primeros aludidos son los autores de la puesta en escena, los que trabajan entre bastidores, los no explícitos. Actúan en la sombra y son la quintaesencia y núcleo duro  de la Sociedad Cerrada. Pocos y aparentemente bien avenidos, haciendo piña. Escribiendo los guiones. Ellos escogen el reparto, sufragan la inversión y tiran de los hilos. Son ricos y endogámicos por tradición familiar… y de vez en cuando se permiten, como los patricios romanos, que algún esclavo notable, por afecto, por favores prestados o con méritos propios, acceda a la condición de liberto. Todo sea para mayor gozo de esta aristocracia moderna que permite la movilidad social desde las clases más humildes… aunque solo sea para sobrevivir a la asfixiante endogamia reinante en el G-16. Suponen la cúspide de la jerarquía.
Entre los segundos, los actores, los plebeyos, hay varias categorías. Por no complicar más la ingeniería social existente, podemos hablar de cuatro tipos de plebeyos.
Plebeyos 1. Son los actores principales de la trama, dispuestos a trabajar, cuanto y como fuere, para conseguir los favores de los amos… tras el consiguiente y laborioso proceso de manumisión. Algunos de estos libertos, los mejores, logran, incluso, llegar a formar parte del núcleo aristocrático, al modo de Tiberio Claudio Narciso… por seguir con la analogía romana y amasar una importante cantidad de dinero, que le puede haber arreglado su vida y la de sus hijos (primera generación). Segundos del escalafón. Son pocos, pero más que los anteriores, y tienen mucho poder, pero no todo el poder. Gozan de cierta autonomía en algunos temas pero  están atentos al dictado del G-16… y ¡¡¡ay!!! a diferencia de los primeros dependen de las urnas… donde el G-16 ha decidido que ahora tienen que jugar.
Plebeyos 2. Están los escogidos por los protagonistas, o actores principales. Normalmente son más mediocres, no manejan tan bien el mundo de las emociones, pero tienen fe ciega y lealtad al superior, igual que los futuros libertos, condición a la que seguramente no llegarán, pero habrán vivido, al menos una buena parte de su vida, en la opulencia de las sobras y migajas aristocráticas… a cambio de gastar hasta la última neurona de su cerebro en demostrar que el servilismo es su mejor mérito. Tal vez algún descendiente pueda seguir viviendo de los favores heredados… pero es raro. Terceros en el escalafón. Suelen ser meros ejecutores repetitivos, de fe ciega a la causa de la que viven y para la que viven. Efectivos, sin escrúpulos ni remordimientos. La envergadura y altura de la Causa justifica la acción, los atropellos y los efectos colaterales. Numéricamente más numerosos que los anteriores. Se pueden estimar en base al personal adscrito a las Consejerías de la Generalitat, Cargos importantes de Diputaciones, Consejos comarcales, Ayuntamientos, empresas públicas o que trabajen con lo Público discrecionalmente, Sindicatos de Clase, Direcciones Generales, Políticas Lingüísticas, Omniums, ANC… y un largo etc. de mamandurrias creadas exprofeso para drenar dinero y ánimo al activismo de doblar el brazo a la ley.
Plebeyos 3. Son los figurantes, también denominados extras o comparsas. Estos personajes intervienen en la obra pero en calidad de acompañantes, con papeles absolutamente secundarios, generalmente sin texto. Forman parte del decorado, de la gente, a veces multitud, que manifiesta perfectamente su individualidad, particularidades y filosofía. Su aspiración de ascender al escalón superior será seguramente frustrada… y tarde o temprano tendrán la conciencia de haber sido utilizados engañosamente como el figurante que él quiso ser. Cuartos del escalafón. Son los más numerosos, los más engañados y los más frustrados. Ellos no obtendrán nada a cambio de su participación en la función. Han creído que actuaban por sentimiento… aunque ese sentimiento va siendo poco a poco sustituido por el de engaño, la manipulación y la mentira. Se han creído las máquinas de las mentiras que escuchaban todos los días, sin ninguna desconfianza, entrando en el juego, renunciando a la capacidad analítica del pensamiento. Se han tragado sin pestañear los mensajes dirigidos directamente a su bilis, y no han querido pararse a pensar que ellos. Además de los destinatarios del mensaje, eran los muñecos que se movían en escenografías grandilocuentes, vistosas y efectistas. Se pintaban la cara, se vestían y se colocaban donde les decían, levantaban la mano cuando tocaba. Todo con una sonrisa. Ellos no eran el mensaje. Ellos eran el producto que se vendía. El producto que seguramente permitiera que el G-16, lograra nuevas situaciones de privilegio. Tal vez menos impuestos, tal vez mirar para otro lado e ignorar las tropelías de todos conocidas. Siento lástima por este grupo… porque también conozco lo que significa que los tuyos pisoteen tu ilusión.
Plebeyos 4. Son los figurantes que lo han sido por pura coyuntura, por estética, por moda o por reacción… pero sin gran convencimiento y sin esperar grandes cambios ni milagros de la escenificación en sí misma. Sin exceso de fe es más fácil el razonamiento y el análisis de contrastes. El engaño para este grupo no es más que otro simple revés de la vida. Poca frustración dejará en ellos el final que se avecina. Quintos en el escalafón. No son muchos pero si variopintos: desencantados, afectados por la crisis, románticos, inquietos, conformistas y/o inconformistas. Quién no espera demasiado tampoco será demasiado engañado.
Finalmente, y para acabar ya, fuera de la escena, ajenos al protagonismo de los actores, desde la distancia de los no participantes ni figurantes en la representación de este sainete… el 52% de la población catalana. La base de la pirámide social. Hombres, mujeres y niños que se resisten a dejar de ser ellos mismos ante la presión totalitaria. Castellano-hablantes, catalano-hablantes o castellano-catalano hablantes… enemigos del nacional-independentismo y amigos y amantes de la Sociedad Abierta. Somos muchos, cierto, pero sonamos como si fuéramos pocos porque no tenemos altavoces mediáticos. Creemos en la Solidaridad de los que tienen más con lo que tienen menos. Asumimos que los ricos paguen/paguemos más y también creemos en la movilidad. No admitimos el inmovilismo social porque nos perjudica frente a los poderosos, y queremos libertad de oportunidades. No nos gusta el prucés por rancio, oscuro, determinista, caduco, retrógrado, insustancial, ahistórico y despótico.  También porque se ha montado sobre mentiras que a fuerza de ser repetidas… algunos llegan a considerarlas verdades. Tampoco nos fiamos de los trileros que lo están gestionando porque solo vemos enredos, sillones, privilegios y liquidación del poco estado de bienestar que teníamos y férrea obediencia al G-16. No nos roban desde fuera. Nos roban desde dentro, y desvían cantidades ingentes de dinero en intentar crear realidades virtuales al modo de El show de Truman.
Detestamos la ruptura que nos imponen, el mundo binario de buenos y malos, la renuncia a la gama de grises, y el odio y la coacción infundidos desde los medios públicos y pagado con nuestro propio dinero. Seguimos en pie, con la cabeza alta y sin doblar la cerviz. Algunos somos ya algo mayores y no es la primera vez que lo hacemos.
Somos una mayoría silenciosa que aún no han logrado encandilar. Es cierto que estamos callados, o como si lo estuviésemos, pero no otorgamos. No otorgamos pero si votamos. La mayoría silenciosa que solo vota… y no es poco… si tenemos en cuenta lo que se nos puede venir encima. Resistiendo. Aguantando…. y pagando la juerga o una buena parte de ella.

Cordero

sábado, 2 de abril de 2016

Rufián, rufianada

Desde finales del SXV que aparece en los textos literarios de nuestra lengua hasta nuestros días, la palabra rufián ha tenido un largo recorrido. Los textos, como fotos fijas de nuestro pasado, dejan constancia de formas de vida reflejadas en arquetipos literarios, en personajes típicos, que eran espejos de realidades sociales típicas.
La vida del hampa es una gran protagonista literaria de los siglos XVI y XVII, y los grandes autores y las grandes obras dejan constancia de la misma. Miseria, hambre, engaños, ocurrencias, picaresca, deshonor… se abren paso a través de novelas, entremeses, comedias o dramas.
Pero las realidades sociales han ido cambiando y también los matices de los personajes que nos las cuentan. Y también los significados de idénticos nombres que vamos usando para denominar distintas realidades.
Uno de estos conceptos es rufián.
Intentaré dar una visión sobre las características del personaje a través de algunos autores de peso. No muchos, pero si significativos. También las relaciones o anclajes del concepto con el mundo clásico-romano.
De ahí pasaremos a ver como se deposita todo este magma literario en definiciones, diccionarios, sinónimos, antónimos y de frecuencia de uso, así como señalar cuales son los aspectos o significados enfatizados o perdidos.
A continuación propondré una aportación de posibles nuevos significados de la palabra Rufián a la luz de los nuevos contenidos sociales que pudieran ser útiles para actualizarlos y evitar que mueran de antiguos por caer en total desuso.
Por último presentaré ante el DEL la aceptación de un nuevo vocablo que pudiera enriquecer nuestro lexicón, amplio, pero también ampliable.

1.- El Rufián en nuestra Literatura.
El rufián es un estereotipo  de la literatura española, que aparece en el SXVI y culmina en el Siglo de Oro.  Algunas obras de Cervantes, las jácaras de Quevedo y varios entremeses de Calderón dan muestra del personaje.
En La Tragicomedia de Calixto y Melibea (1499), Fernando de Rojas muestra un posible precedente literario del rufián. Se trata de Centurio, un soldado fanfarrón y charlatán que está enamorado de Areúsa. Ésta junto con Elicia (prostitutas utilizadas por la Celestina) le encargan que mate a Calisto. Centurio se compromete a ello por amor a Areúsa pero luego no se atreve y paga a otros para que lo asusten. Así se entronca nuestro rufián con la novela humorística latina y el Miles Gloriosus de Plauto (S.III/II a.C.) y donde Pirgopolínices (Miles Glosiosus o el Soldado fanfarrón) es ridiculizado por hombres, mujeres, viejos, esclavos y niños.
A finales del S XV, y junto con los personajes de la Celestina, aparecen los primeros textos cortos de carácter religioso y de crónica, con composiciones líricas protagonizadas por rufianes y prostitutas. Rodrigo de Reinosa (Reinosa, Cantabria; c. 1450 - c. 1530) establece un modelo de relación entre rufianes y prostitutas que se consolidará en el SXVI: la prostituta pide al rufián protección… y el rufián contesta fanfarroneando y amenazando al adversario...
El fanfarroneo y la amenaza del rufián son calculados. Es decir, el alardeo de heroísmo ante las protegidas (putas), suele combinarse sabiamente con la suficiente distancia del amenazado por si hay que poner los pies en polvorosa... Cuando la escapatoria del enemigo es imposible, el rufián confiesa su miedo y cobardía... mientras pide clemencia.
Y esta es una constante de los rufianes, tan carentes de honor como cobardes. Veamos algunos ejemplos que reflejan su comportamiento típico:
A.- El rufián cobarde (Lope de Rueda, 1510; Sevilla - 1566; Córdoba ).  
Sigüenza, mentiroso y cobarde, está enamorado de Sebastiana, a la que cuenta sus aventuras exageradas y las disputas con Estepa, otro rufián como él.
Ante la pregunta de Sebastiana de por qué está desorejado, le cuenta que el mismo se arrancó  las orejas para que, siete soldados mandados por un coronel por él ultrajado, no pudieran cogerlo de ellas en la refriega y retenerlo. Como esto le debía de parecer aún poco heroico, continúa describiendo como le lanza una de sus propias orejas a uno de los soldados, dándole en la boca y destrozándole toda la dentadura.
Sebastiana, le confiesa no querer imaginar  lo que hubiera ocurrido si lo que hubiera tenido a mano hubiera sido una piedra..., aunque... se va, finalmente, con el otro.
B.- El Entremés del ahorcado (Fernán González de Eslava,  1610), que junto con otras obras suyas se publicó bajo el nombre de Coloquios espirituales y sacramentales y poesías sagradas.
Un rufián es agredido por otro que le da un bofetón y huye corriendo. El agredido decide buscarle y vengarse. Cuando el agresor lo ve venir, finge haber sido ahorcado por un tercero para librarse de la venganza. El agredido quisiera revivirle para exigirle pedir perdón y volverlo a matar. El tercero le hace desistir de coserlo a estocadas apelando al honor de no ensangrentar su espada con un ahorcado. Cuando el agredido se va, el agresor se desata y parodia el discurso del agredido enfatizando lo que hubiera hecho con él… de no haber estado muerto y ahorcado… como estaba.
D.- En El Rufián viudo. Trampagos (trampa hago, es decir, tramposo) enviuda a la muerte de su pericona. Al funeral, muy concurrido, acuden la Repulida y la Pizpita, compañeras de la difunta. Ambas quieren que el viudo elija a una de ellas como su nueva pericona. Trampagos elige a la Repulida, lo que genera envidia en Pizpita. Finalmente entra en escena Escarramán que adoraba a la pericona y cuenta todas las aventuras con ella. Los músicos tocan aquello de «Ya salió de las gurapas (galeras,  penas de delitos denigrantes o de reincidencia) el valiente Escarramán» y finaliza la obra.
Escarramán es el nombre propio de un personaje del hampa sevillana, que a partir de 1588 da nombre a un baile, el escarramán, versión lasciva (y prohibida) de la zarabanda. Sobre la figura del personaje real se sabe muy poco. El escarramán es tramposo, pendenciero y amoral como el rufián pero no es cobarde, sino valiente y viril.
Pícaro. Tampoco aparece en la literatura el concepto pícaro como sinónimo de rufián. El pícaro, o persona con picardía (astucia o habilidad en la que hay que tener cierta malicia) es, digamos, poseedor de una maldad más asumible, más tolerable, de una maldad más juvenil y circunstancial y por tanto, menos mala. Tampoco conlleva aparejado el concepto de chulo o   proxeneta.

2.- Rufián: etimología, definición y frecuencia de uso.
Etimología.
Quizá del italiano. ruffiano, y éste del latín. rufus 'pelirrojo', 'rubio', por alusión. A la costumbre de las meretrices romanas de adornarse con pelucas rubias.
Significado.
1. m. y f. Persona sin honor, perversa, despreciable. (DRAE)
2. m. Hombre dedicado al tráfico de la prostitución. (DRAE)
3. m. Hombre despreciable que vive de engaños y estafas © 2005 Espasa Calpe.

Sinónimos.
Bellaco, granuja, estafador, pícaro, pillo, sinvergüenza, truhán, bribón, canalla, mantenido, garitero, chulo, alcahuete, gorrón, aprovechado, lenón.
Otros Sinónimos:
Bandido, baratero, bergante, birlesco, facineroso, miserable, sabandija
(Diccionario de sinónimos y antónimos © 2005 Espasa-Calpe)

Diccionario d Frecuencias:
Nº Orden
Palabra
Fr.Abs.
Fr.Normal.
47062.
Rufianes
 124
0.81
56709.
Rufián
90
0.58
Corpus CREA escrito:
. 140 000 documentos y
. Algo más de 154 millones de formas procedentes de textos de todos los países hispánicos y producidos entre 1975 y 2004.
. 737799 formas distintas.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CREA) [en línea]. Corpus de referencia del español actual. 

3.- El breve vistazo del concepto rufián a través de nuestra literatura abarca los siglos XVI y XVII, es decir, Renacimiento y Siglo de Oro.
La Real Academia de la Lengua Española fue fundada en el año 1713, inspirada en la Academy Francaise creada por Richelieu, casi 100 años antes, exactamente en 1635.
El primer Diccionario de Autoridades de España fue elaborado entre 1726 y 1739, y basándose en éste, aparecería en 1780 el Primer Diccionario de la Lengua Española, ya sin citas de autores.
Es decir desde el final de nuestra breve revisión (finales del S.XVII) y el Primer Diccionario pasan cerca de 100 años. Después de éste, han aparecido otras 23 versiones con sus respectivas actualizaciones. La última de ellas, la 23 ava, en el año 2014. En ella podemos ver cómo quedan refundidos y resumidos todos los conceptos que aparecen en la literatura de los mencionados 2 siglos. (punto 2). El Diccionario mantiene para Rufián los significados de persona (es posible que persona sustituya a hombre en base a los protocolos de corrección política del momento actual) sin honor.  También hombre dedicado al tráfico de la prostitución, y hombre que vive de engaños y estafas.
Cuando un arquetipo literario como rufián, o don juan, trata de ser metido en una definición de diccionario o en un listado de sinónimos, se produce forzosamente una pérdida de matices perfectamente comprensible, y aunque es necesaria desde el punto de vista normativo de la lengua, peca de insuficiente reflejo de lo que significó y …  aún significa.
Se han caído algunos significados importantes respecto del original que vamos a ir intentando mostrar:
a.- La cobardía. No se cita en el DRAE pero es una constante en la literatura. Dicha cobardía es muy patente en la exageración, ostentación, osadía, chulería e incluso desprecio delante de quién ningún daño le puede causar y repliegue cobarde y miedoso frente a quién que se siente inferior. Ser muy fuerte con los débiles y muy débil, servil y compungido con los fuertes.
b.- El ridículo suele merodear por todos los escenarios rufianescos. Antes o después aparece la situación cómica que genera el rufián en base a su propia torpeza, su desmedido ego, su avaricia y/o codicia. La hilaridad suele ser provocada por los sujetos a los que iba dedicada la trampa o el engaño, lo que hace patética la situación del rufián, zaherido con saña por los anteriormente por él vejados, humillados y engañados. Cuando no es el ridículo el final del rufián, lo es la cárcel. Alguna vez, aparece el arrepentimiento, seguramente más por el interés moralizante del autor que por características intrínsecas del personaje. Ejemplo de esto último es El rufián dichoso, de Cervantes.
c.- Amoralidad. Comentan los diccionarios la ausencia de honor del rufián (entendemos en sentido medieval). Omiten sin embargo la ausencia de cualquier tipo de moralidad y de principios más allá del beneficio inmediato, primario, instintivo y alejado de cualquier proyecto futuro. Suelen dar las mismas respuestas aunque las preguntas y situaciones sean distintas evitando, por incapacidad, cualquier argumentación contextual o más allá de la mera supervivencia.
d.- Inadaptación social. La inteligencia social limitada, o incapacidad de hacerse un hueco social por los métodos convencionales, les lleva al pequeño delito: timos, robos, amenazas, chantajes, quebranto de la ley, engaños, estafas, mentiras… para conseguir los bienes materiales perseguidos. Todo ello no suele sacarles de la marginalidad de la que provenían y de la que no lograrán salir.
e.- Aprendizaje y grado. Parece ser que existen grados dentro del “oficio” de rufián. El jefe de rufianes (rufián de rufianes), con no poca pericia, va enseñando el oficio a los más jóvenes o de  más bajo nivel, que comienzan la carrera con bravuconadas en la toma de alternativa, a modo de currículo por adelantado.  El Patio de Monipodio es buen ejemplo de Escuela del oficio. Existen clases, pues, dentro de los rufianes. Los de primera, ocultos en el palco, los de segunda, provocando, expuestos al respetable y dando espectáculo.
f.- Juventud. La juventud ha de limitarse a los rufianes aprendices o de segunda clase. Queda la veteranía reservada a los de más oficio, también los más inteligentes o los que se han cubierto mejor las espaldas. En la primera línea, en el cuerpo a cuerpo, está la infantería, que viene de infante (del latín infantis, “el que no habla”, menor de 5 años…), es decir, carne de cañón. Sólo los que van logrando salir sanos de estas cornadas… logran hacer carrera.
Estos son algunos rasgos que considero importantes y definitorios en el concepto de Rufian. Seguro que existen otros muchos matices del personaje, ocultos e invisibles a mis ojos, o enterrados en textos viejos a los que no he tenido acceso. Confío que cobardía, ridículo, amoralidad, inadaptación, gradación o cuantificación del grado, y juventud, hayan sido una buena elección de los rasgos más relevantes del rufián que nuestra literatura del Renacimiento y Barroco han recreado tan dignamente.

4.- Consideraciones y propuestas.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua muestra  tan sólo dos acepciones al concepto objeto de estudio, que son las siguientes:
1. m. y f. Persona sin honor, perversa, despreciable. 2. m. Hombre dedicado al tráfico de la prostitución.

Sinceramente pienso que la carga semántica que el  vocablo ha tenido en el pasado, es muy superior a la que le otorga el DEL.
Es posible que en el futuro, y hasta probable, merced a la labor de altavoz que brindan algunas de sus señorías desde ese escaparate que es nuestra Cámara Baja de las Cortes Generales, cobren vida significados tales como alcahuete, bellaco, bufón, cateto, chulo, descortés, deslenguado, estafador, farsante, felón, granuja, golfo, hipócrita, insolente, impostor, jeta, lenguaraz, mantenido, morralla, necio, ominoso, pillo, quejoso, romo, rudo, sabandija, truhán, valentón, ufano, zafio, zascandil, zote…
Podríamos añadir otras acepciones como chulo, macarra, maleducado, zafio, sobrado, ignorante, corto de luces, provocador, mamporrero, desagradecido, ruin, vil, tonto útil o inútil, palanganero, chico de los recados, paleto, palurdo,… etc, pero éstas no serían propiamente heredadas de nuestra rufianesca literaria, sino de la otra, de la actual, la votada, la democrática, la parásita, la que vive sobre las excrecencias del sistema y que las necesita y las vocifera. No sabemos muy bien si esta amplificación tiene el objeto de criticar errores y reducirlos o bien ampliarlos para que no se desvanezcan y puedan pasar desapercibidos, ya que constituyen su punto de arranque, su esencia, su motor y su cuanto peor para todos, mejor para ellos.

Pretendemos en primer lugar que Rufián no desaparezca del léxico actual, y en segundo que vuelva a gozar de buena parte de los significados tan vivos como expresivos que tuvo en el pasado. Tal vez vuelva a ser útil y necesario tener a mano este bagaje semántico para ayudarnos a explicar con más precisión realidades nuevas, para asociar nuevos contenidos a palabras usuales o nuevas acepciones a vocablos y conceptos que van cambiando de significado. 
Es más. Dado que los tenemos (los rufianes), los vemos, los oímos,  los padecemos y los pagamos... por qué habríamos de contentarnos con reducir su campo semántico como si estuvieran en vías de extinción. Están vivos, son muchos, son gritones y chabacanos y por eso parecen ser más aún. Es un concepto en expansión, parece, y merecen, entre otros, los significados que les dieron nuestros clásicos. Son los rufianes de una nueva hampa, la del S XXI. Las nuevas acepciones del Diccionario deben de estar a la altura de los nuevos registros del personaje. Es una deuda de la Lengua con el prototipo.

Por último, y al rebufo del asombro sufrido en Italia con la existencia de Matteo, el niño ¿prodigio? de 8 años que llamó a una flor con muchos pétalos, “petalosa”, y consciente de que la ausencia de verdaderas noticias puede convertir en noticia cualquier ocurrencia…  si es debidamente informada, propongo al Diccionario Español de la Lengua, desde este escrito, y con la debida solemnidad que el caso requiere, la introducción de una nuevo término o palabra.

La  nueva palabra sería Rufianada
¿Cómo sería definida? Como la acción llevada a cabo por un rufián o rufiana… en el Consistorio de la ciudad de Barcelona… O de Madrid, aunque en este caso nuestra palabra no rime en consonante con la edil capitalina. Ciertamente, esta solicitud al DEL solo tendrá valor hasta las próximas elecciones municipales… de momento.

Barcelona, 2016/04/02

Cordero