El
día 1 de junio de 2017 publiqué en este mismo medio un artículo
titulado Una
cutrez vial
donde
ponía el foco en la no acera de la Calle del Jardín de
Astorga.
Un par de años después veo que se ha corregido el error y se ha
arreglado ese entuerto viario que venía durando ya varios años.
Aunque
consciente de que las probabilidades de influencia de un escrito en
las decisiones de la Casona son pocos -el histórico es largo y
contundente-, a mi me gusta pensar que sí. Que sí ha influido
quiero decir, aunque solo sea un poquito y perdóneseme la inmodestia
que para eso estamos hechos de carne.
El
caso es que con la misma libertad que señalé el agravio callejero
quiero ahora agradecer su arreglo al Alcalde, al que corresponda, al
saliente (lo más probable y razonable), gracias, o al entrante (si
es que fuera tan rápido como el rayo), bienvenido. Al Alcalde de
Astorga, a esa institución que, más allá de los partidismos e
incluso de las ideologías debe deberse a los astorganos, a la mayor
parte de ellos.
Y
tras el agradecimiento, y aprovechando que estamos en los inicios de
una nueva andadura, me gustaría utilizar estas líneas para escribirle, a modo de
carta a los Reyes Magos, unas letras a nuestros nuevos representantes
consistoriales.
Se
acercan tiempos de pactos, de pactos no sólo con los de la misma
cuerda, que son preferibles y deseables pero no siempre posibles. Se
acerca la cultura de pactos sin cordones sanitarios. Ahora, cuando
los inventores de dichos cordones están probando los efectos de su
propia pócima, hemos de denunciar tanto a los autores con copyright
del artefacto como a los emuladores del mismo. A los primeros por
encender la mecha y a los segundos por engañarnos y supeditar
millones de votos a las decisiones de un césar y unos cuantos
monaguillos.
Han
habido unas votaciones. Han habido problemas con el recuento y los
Tribunales han respondido a las quejas y las reclamaciones. Fin de la
pantalla.
Ahora
desde el nuevo Ayuntamiento toca pactar y mandar, sin soberbia, sin
acritud, sin revanchismo, en positivo. Hay mucho campo donde hacerlo
y cuantas más fuerzas tiren del carro en la misma dirección, mejor.
No sobra nadie.
Priorizar
las actuaciones sin olvidarnos de la gran asignatura pendiente, que
va más allá de reforzar la Cultura, espacio donde se han logrado
altas cotas de eficiencia.
La
gran asignatura pendiente de Astorga (y no solo de ella) se llama
“Diez mil”. Ese es el gran reto porque por debajo de 10000
habitantes la ciudad puede estar empezando a desaparecer. Primero lo
habrán hecho el Juzgado, la Policía, el Registro, el Ambulatorio,
después tal vez la Escuela de Música, el Cuartel, la Escuela
Oficial de Idiomas… Después, poco a poco, lo irá haciendo todo lo
demás.
Priorizar
el anclaje de la población joven al territorio, priorizar el trabajo
autónomo reforzando la tecnología y las comunicaciones, priorizar
el empadronamiento de gente que algún día se fue de Astorga, pero
no del todo, y a la que tal vez no le importe volver aunque sea, de
momento, sólo nominalmente, y tantas otras cosas. Todo ello sin
dejar de abrirse al turismo ni dejar de potenciar la cultura… pero
analizando muy bien los costos, porque el dinero público, no solo no
es que no sea de nadie, sino que es de todos.
Pasar
la página del “enredo” y dejar de “enredarse”. Hacer de la
transparencia una máxima más que un eslogan, dar al concepto “nosotros” un contenido más inclusivo que frentista, a la
palabra dada una promesa más que un incumplimiento futuro, superar
la superioridad moral con una moralidad más llana, asequible,
cercana y simple.
Todo
un desideratum para el nuevo Ayuntamiento en el cual deben actuar los
órganos de gobierno en calidad de tales y también la oposición
como contrapeso o contrapoder señalando los fallos, negligencias,
oscurantismos… e incluso aplaudiendo las acciones de gobierno con
las que puedan coincidir.
Gestos
humanos que dignificarían el oficio de nuestros administradores…
tan cargado de desencanto, de usos no correctos y abusos, de
prácticas irregulares, de mercadeo, etc.
Suya
es la palabra, señores regidores. Nuestra, la observancia y la
mirada atenta a lo que dicen y sobre todo a lo que hacen y cómo lo
hacen… De todo ello les mantendremos debidamente informados.
Juan
Antonio Cordero