martes, 22 de noviembre de 2016

Las precuelas de Trump

Tras unos días de leer opiniones acerca del suceso Trump, daré la mía propia, que seguramente no será mucho mejor que las demás… pero espero que si sea algo distinta y distante de las más frecuentes, al menos.

Vaya por delante que no me gusta Trump. No me gusta ni lo que dice ni como lo dice. Y creo que no me gustará tampoco la impronta que introducirá en su gobierno.
El populismo de Trump se basa en una Falacia. Cuando alguien asume ser el todo siendo solo una parte… es para ponerse a temblar… Distinguir si la falacia es de Composición (tomar la parte por el todo) o de Generalización Apresurada (inferir el comportamiento de la población a partir de muestras no significativas) es un interesante juego lógico del que se puede disfrutar.
La Falacia es un argumento que parece válido pero no lo es y que se usa intencionadamente para persuadir o manipular a los demás aunque también pudiera ser usado desde el descuido o desde la ignorancia. (Wikipedia).

Dejando clara mi oposición a estas mareas (Trump, Podemos, Golpismo Catalán…) me gustaría poder señalar en este escrito dos cosas… por si  pueden ayudar a que dichos populismos no se extiendan o, al menos, a limitar su alcance.

La primera, la falta de profundidad en los análisis posteriores al recuento de resultados a favor de la opción populista. La segunda, mostrar los acontecimientos previos a la aparición del Populismo. El grado de causalidad entre antecedentes y consecuentes lo dejo para que lo defina el lector. Quedan para otro día los fracasos demoscópicos... a los que nos estamos acostumbrando.

Ciertamente en el voto de Trump hay más peso de ‘hombres blancos, con menos formación y residentes del interior’. ¿Y? Total, no podemos ni cambiarles el sexo, ni hacerlos titulados universitarios ni llevarlos a vivir a las costas…

Más que etiquetar y descalificar, por este orden o en orden inverso, a los que votan el populismo, haríamos bien en analizar las causas reales de por qué lo votan. Es posible que estén relacionadas con el desencanto, las promesas incumplidas, distanciamiento entre la gente y las élites políticas donde la maquinaria de los partidos actúan como una apisonadora a favor de intereses particulares en vez de los generales.

¿Es lícito proceder a la descalificación de esa masa de votantes porque no votaron lo correcto? ¿Quién es el encargado de fijar la corrección o sincronizar los niveles de corrección deseables y/o asumibles en cada momento? ¿Es que la democracia sólo es válida cuando sopla el viento del Oeste? ¿El voto de la gente solo es sabio y soberano cuando se vota en un sentido?

¿No sería mejor tratar de explicar que se ha hecho mal o muy mal, durante los anteriores 4 u 8 años, para que muchos de esos votantes hayan cambiado el sentido de su voto?

¿Hay muchos ciudadanos que se sienten amenazados por la inmigración o por el aumento de los impuestos? Yo creo que sí, que es así… Pero ¿qué se ha hecho para que esos ciudadanos dejen de sentir miedo por esos problemas que ellos sienten como reales… independientemente de que lo sean, o de que lo sean en mayor o en menor grado? Si les han explicado algo… desde luego… no lo han entendido.

Apretar la máquina del pensamiento correcto y de los impuestos, a la clase media…que es la única que realmente los paga, sin límite, y/o sin que se vean cerca los beneficios de los mismos… crea desafección y desconfianza de la clase política. Y cuando frente a esto… solo podemos ofrecer más de lo mismo… tal vez… estemos generando un voto populista, rompedor, un voto anti-establisment, un voto que puede ser analizado, también, en términos de hartazgo. Hartazgo de la cercanía de los perjuicios y la lejanía de los beneficios.

Pero claro… llegar a estas conclusiones… puede ser tan doloroso para nuestro mediocre ego que mejor tirar de corrección política.

A principios del S XVII, Guillen de Castro, escribió ‘Mocedades del Cid’. En dicha obra, aparece seguramente por primera vez, y referido al carácter ofuscado, empecinado, equivocado y orgulloso del padre de Doña Jimena, la siguiente estrofa, de la que nos interesa el final: Esta opinión es honrada: /procure siempre acertalla/el honrado y principal;/pero si la acierta mal,/ defendella, y no enmendalla.

Vemos que lo de sostenella/defendella y no enmendalla..., tan nuestro, tiene recorrido. Es más, nos es tan familiar que nos cuesta de reconocerlo como algo ajeno.

La culpa, es de la incultura de los votantes que no están preparados para la profundidad de nuestros planteamientos y prospecciones. Sostenella y no enmendalla. La misma soberbia, arrogancia e ignorancia de aquellos que sostienen que ‘Si la realidad no se parece a lo que yo digo, peor para la realidad’.  

No nos sirve la ligereza con la que desde aquí, desde esta España empeñada en dar lecciones de todo y a todos, hemos interpretado los resultados de forma acorde con el modo de seguir pensando y mirando lo único que sabemos mirar bien, que es nuestro propio ombligo.

Haría falta mucha autocrítica y ésta debería reemplazar los balones fuera de las acríticas opiniones de muchos pensadores, opinadores oficiales, tertulianos, habladores de todo lo humano, y de lo divino, que marcan el sendero y las vallas por las que han de discurrir el pensamiento políticamente correcto, buenista  y guiado.

Esas guías de estilo, en la forma de pensar, son cada vez más tentadoras. La tecnología facilita y potencia la sincronización de la señal y la información de impacto desde el minuto 1.

Recordemos que tras el escrutinio inglés sobre el Brexit, apenas conocidos los resultados del recuento oficial, ya teníamos las terminales mediáticas formulando, casi idénticamente, las mismas opiniones que en la elección de Trump, y que, a brocha gorda, se resumen en: los viejos, los incultos, y los habitantes de zonas rurales votaron en contra y los jóvenes, los formados, y los habitantes de grandes ciudades lo hicieron a favor de la permanencia, que puede ser parcialmente cierto, pero inefectivo como análisis que pretende saber lo que pasa y sobre todo por qué pasa.

Para que vamos a complicarnos más la vida. La culpa es del votante populista y no de las políticas erradas que han empujado parte del voto hacia el populismo. Este razonamiento evita asumir la crítica de determinadas políticas y rompe cualquier relación lógica, cualquier responsabilidad, entre la acción política previa y los resultados electorales.  

Nosotros, y nuestra superioridad moral, ya hemos quedado a salvo porque hemos dado una interpretación de los hechos más coherente con nuestro punto de vista. Y parece que preferimos mantener y repetir lo de siempre a revisar nuestras posiciones. Evitamos tirar el sombrajo y construir otro nuevo… que nos podría dejar fuera del chiringuito de la influencia.

Así, seguimos dibujando y jugando a buenos y malos, que es en lo que estamos. Lástima que la realidad sea otra. Lástima que esas explicaciones, tan simples como carentes de matices, no expliquen, sino oculten, lo que ha pasado.

Es una lástima, sí, desconocer que cuando maltratamos reiteradamente la realidad negándole una metodología rigurosa de aproximación y la tratamos con desdén, no tardaremos mucho tiempo en recibir un soberbio y sonoro bofetón desde esa misma realidad, que nos sacará de nuestra confortable ensoñación, de nuestra pereza mental y de nuestro autismo.
Seguramente hay quién a esto lo llama ganar tiempo, pero después de la siesta, las reflexiones y las preguntas seguirán esperando algo más de luz que los blablablá de los blablabladores, algo de 
originalidad, algo de rigurosidad y contraste, algo de esfuerzo y tesón y algún silencio bien administrado, al menos para que sepamos que ellos saben que no saben de algo.

1.- Parece ser que en torno a un 42% de mujeres votaron a Trump. Estamos hablando de unos 25 millones de mujeres. ¿No quedamos que Trump era machista (no hasta el punto de desear azotar hasta que sangrara una periodista, claro)? ¿Hay que concluir que esos millones de mujeres, son tontas, o incultas, o engañadas o todo al mismo tiempo? Yo creo que no.

2.- Si Trump es un machista, maleducado y xenófobo, que yo creo que por su comportamiento electoral, lo es, y si esas votantes no son tontas, ¿por qué razón lo prefieren? ¿Pueden preferir un machista, xenófobo y maleducado Trump antes que  una Clinton acompañada de unos adjetivos, supongo, de un calibre aún mucho más grueso? ¿Podría ser Trump, para ellas, mal menor? ¿Podemos imaginar cual es el mal mayor que ellas tratan de evitar?

3.- El intento de expandir el programa de acogida y rebaja de exigencias para la integración de los refugiados centroamericanos, encallado por el empate del Tribunal Supremo de los EEUU,  deja a Obama sin aprobar una de sus grandes medidas legislativas. La caída del voto hispano en Clinton, comparado con Obama, ¿se alinea con ese empate de los 8 jueces del Supremo? ¿y, qué hacemos con los inmigrantes que votaron a Trump? ¿Son todos masoquistas o tontos?

4.- ¿Es posible que lo que representa Clinton, política con décadas de coche oficial, enriqueciéndose y cobrando de lo público y privado al tiempo, mintiendo u ocultando información relevante sobre sus asuntos… tenga un peso para los americanos… aunque nuestros analistas no quieran o sepan verlo?

5.- Parece que los altos vuelos de Clinton eliminaron del camino a otros candidatos demócratas que podían haber dado más y mejor juego. Sabían que los votantes demócratas no veían con buenos ojos el histórico de Clinton, pero aun así, Clinton se impuso. Y lo pagaron. ¿Es posible que esta chulería y arrogancia demócrata haya pasado factura entre sus votantes?

6.- Los grandes planes de Obama (económicos, de inmigración, renovables…) que pretendían soldar el país…se han quedado en el primer tiempo del saludo, es decir, solo se han pagado impuestos para realizarlos… pero no se han llevado a cabo. ¿Es posible que esa clase media, la gran pagana, y que ve que sus impuestos benefician a otros que no son ellos, quiera un cambio de actitud en sus gobiernos?

7.- Cobrar más impuestos a los ricos es entre difícil e imposible (suelen tener más inteligencia y reflejos que el propio estado). Cobrar más impuestos significa cobrar más impuestos a los que no pueden evitarlo, es decir, clase media y media baja. Y esa clase media, en EEUU y en Europa, se cansan de pagar sin ver resultados.

8.- ¿Tenemos ya escritos los comentarios que vamos a hacer, desde la corrección política, cuando gane Wilders, Marine Le Pen, Petry o Hofer? ¿No sería mejor analizar, suavizar y corregir, si procede, ciertos aspectos de la política holandesa, francesa, alemana o austriaca… con los que no están de acuerdo amplias capas de votantes en esos países?

Estas son algunas las precuelas del populismo. Todas ellas derivadas del desentendimiento de la política hacia aquellos cuya voz es voz baja o no está modulada (ni en frecuencia ni en amplitud), no son lobbies, no están organizados, ni reivindican nada, ni se manifiestan, ni cortan autopistas, no tienen plataformas mediáticas de amplificación ni sindicatos que los representen. Son, incluso, invisibles para los sondeos. Pero que no se les oiga y que no se le tenga en cuenta no significa que no piensen, que no estén cabreados, que no existan. Existen, al menos, una vez cada cuatro años.

Ya voy acabando. Como podéis ver… no es mi fuerte la capacidad de síntesis. He hecho, envidio el talento de quién la tiene. Sólo los más grandes son capaces de escribir un Ensayo en una frase de una o dos decenas de palabras o en una imagen.  

No puedo dejar de citar dos comentarios muy sintéticos que seguramente complementan, completan y ponen el broche a todo lo escrito anteriormente. El primero es de Pérez Reverte: ‘A veces la realidad castiga con pesadillas como Trump nuestros excesos de buen rollito, irrealidad y demagogia. Y no aprendemos nunca.’ El segundo, de Sánchez Dragó: ‘La era de la corrección política, la inmigración de barra libre y la ideología de género ha terminado’.

Gracias a los dos.


Cordero, 22 de Noviembre de 2016

jueves, 3 de noviembre de 2016

El corsé del progre.

Sabido es que los conceptos van cambiando su significado con el paso el tiempo, en parte por el uso que vamos haciendo de ellos y en parte por las variaciones que el concepto va experimentando por sí mismo.

El abuso que sufren determinadas palabras cuando las forzamos a suplantar ideas fuerza, ricas en complejidad y matices, conlleva cambios semánticos muy rápidos e incluso a veces imprevisibles. Esta simplificación y reducción del lenguaje a una especie de código binario 1/0, si/no, bueno/malo, etc. agiliza el procesamiento, paramétrica ideas y abstracciones… pero sobre todo uniformiza el pensamiento expulsando la infinita gama de matices, variantes, enfoques… para poder categorizarlo, medirlo y, últimamente, manipularlo.

La renuncia al matiz, a la evitación de la diferencia de puntos de vista alternativos, en el fondo significa la renuncia a la indiferenciación del pensamiento, es decir al pensamiento casi único.

Con todo, algo tiene de positivo esta eliminación de los picos de pensamiento, esta renuncia al matiz… y es que a cambio nunca te sentirás solo, siempre formarás parte de un gran grupo, tan grande como sean los matices perdidos. Tu unicidad a cambio de no estar fuera... que de entrada no es poco. Eso sí, tendrás que librarte de otros problemas y contradicciones. 
Progre, ya no hace referencia, solo, a una tribu urbana de los 70 u 80, de clase media, media-alta, con chaqueta de pana y melena, que querían/mos democracia, igualdad de sexos y libertad frente a la dictadura. Ya tenemos democracia, libertad, grandes avances en la igualdad de sexos. Lo que no tenemos los progres de entonces es pelo, al menos tanto, ni del mismo color. Y lo que nos sobran son años.

Dijo recientemente Anguita, de cuyo izquierdismo nadie puede dudar, a su entrevistador: ¡Insúlteme como quiera, pero, por favor, no me llame progre! No sé lo que piensa Anguita sobre lo que significa progre… pero no debe ser muy bueno. Y en esto sí me parezco a él.
Sin pretensión de coincidir con Anguita en reivindicar su no progresismo, al menos en todos y cada uno de los aspectos que el/lo progre puede abarcar, haré alguna delimitación, por supuesto ni exhaustiva ni excluyente, de algunas cosas que para mí, también, significa hoy ser progre.

Significa miedoso de pensar a pleno pulmón, libremente, miedoso de ser y estar fuera de un grupo reconfortante que le protege del frío y sobre todo de la soledad.
También significa desorientado, perdido en la sustitución de referentes de izquierda… que la izquierda no proporciona. Esta falta de corpus intelectual empuja hacia lo moderno… después de aceptar que lo moderno es bueno y no moderno malo. Lo nuevo y lo viejo han dejado de admitir matices. Todo lo nuevo ha pasado a ser bueno al tiempo que todo lo viejo ha de ser cambiado, sin más consideraciones, por lo nuevo. Todo fácil… como pintar de blanco con brocha gorda. Para qué utilizar mezclas de colores y pinceles más pequeños…

Hay, al menos así lo parece, una especie de ingenuidad adolescente como si ésta atenuara los años de experiencia y antigüedad (a veces no van juntas), que siempre empiezan a ser excesivos a partir de los 30 y que lleva a blindarse dentro del grupo de pensamiento hegemónico, ergo joven y nuevo, y a moverse en la exclusiva y cómoda corrección política, aunque sea a costa de frivolizar contradicciones no menores (defender los impuestos… pero evitar pagarlos, ser voceros de los pobres desde posiciones económicas altas, defender la escuela pública pero llevar los hijos/nietos a Jesuitas u Opus, ser ecologista pero moverse con una moto o coche de gran cilindrada, hacer escraches ajenos con varios pisos en propiedad u otras aún peores…), evitando o callando formas de pensamiento que apunten etiquetas distintas de las previstas por los twiteadores oficiales del progresismo.  

Estas contradicciones y otras mil más que podríamos mostrar, quedan ocultas cuando eres progre, porque ser progre es un concepto acomodaticio, adaptable y relativo. Ser progre significa ser partidario de aquellas opciones vitales que gozan de más corrección política y consenso, sin especificar cuáles ni cuántas.

Ser progre es como ponerse un corsé para realzar la figura. Puede incluso evitar mostrar carnosidades no acordes con la imagen a proyectar. Cuando aprieta mucho suele ser porque mucho es lo que se
pretende ocultar y es recomendable eliminarlo antes de que las rigideces puedan entorpecer la circulación de la sangre en importantes zonas del cuerpo, cabeza incluida. Despojarse del corsé tiene además otras virtudes. Te permite verte cómo eres, desparramado y algo sólo, único e irrepetible, pero humano, real y auténtico.

Frente a ese espejo, tal vez, mejor cabalgar y seguir cabalgando contradicciones internas. Sí. Eso que hacen los hijos revolucionarios de papá para montárselo. Además puedes, amén de difuminar una
enorme falta  de coherencia cognitiva, llegar a convertirte en tan buen jinete como para participar en importantes carreras de caballos. ¡Desde luego, por falta de entrenamiento… no será!

Barcelona, 03 de Noviembre de 2016

Cordero