lunes, 7 de marzo de 2016

Lenguaje, pensamiento y realidad.


Seguramente no existen triadas de conceptos tan o más sugerentes para la discusión, la investigación, la especulación, etc. que las relaciones entre lenguaje, pensamiento y realidad. Desde Aristóteles a Emile Benveniste, pasando por Ferdinand de Saussure, Fodor y como no, Lewis Carroll... hay ríos de tinta que ilustran el alcance de tales relaciones una a una, dos a dos o todas entre sí.
No es nuestra pretensión aportar nada nuevo a lo dicho al respecto (eso en el caso de que pudiéramos presumir de conocer más o menos lo dicho, que no es el caso), sino hacer un mero comentario a modo de apunte sobre nuestra pesada, aburrida y pervertida realidad lingüística.
Vygotsky (Lev Vygotsky, 1896 en Orsha -actual Bielorrusia-, 1934, Moscú, Unión Soviética) ha sido, pese a su corta vida, uno de los grandes psicólogos del siglo XX, gran impulsor de la psicología del desarrollo, creador de la psicología histórico-social, padre y precursor de la neuropsicología soviética que alcanzará su máxima cima en las investigaciones de Luria sobre las afasias, basándose en las heridos en la cabeza (Segunda Guerra Mundial) y los comportamientos cerebrales que las mismas producían en los pacientes.
Ah, se me olvidaba, Vigotsky también ha sido usado y abusado por los mediocres y a apesebrados leguleyos y reformadores de las últimas leyes Educativas que en España han sido y cuyo resultado todos conocemos... menos los pedagogos oficiales. Pero eso es otra historia o una historia para otro día.
Dejando de lado la riqueza de matices que nos ofrece el pensamiento de Vigotsky sobre el proceso de pensamiento infantil, la mediación e interacción del aprendizaje a través de la zona de desarrollo potencial, etc, porque no es el lugar ni el momento de hacerlo, asumimos nuestro rol de pintor de brocha gorda, pasamos de puntillas por sus ideas y tomamos aquellas más interesante para lo que queremos comentar.
 Nuestro hombre, pensando y pensando llegó a la conclusión de que el lenguaje es un doble sistema de señales.
Desde Paulov sabemos que los perros no solo pueden salivar si ven comida (primer sistema de señales) sino que, por condicionamiento, pueden llegar a hacerlo frente un estímulo neutro como es el lenguaje (sea este una campana o una palabra). No es baladí establecer la conexión entre palabra (estímulo) y la respuesta (fisiológica, motriz, ideación...)
Pensamos con palabras, dice Vigotsky, ... al menos donde no nos es posible pensar con imágenes, digo yo. No existe ningún problema en idear objetos concretos, materiales. No hay problema en ver un perro verde, cuando, con los ojos cerrados, escucho "perro verde", ni imaginar una mesa de dos patas cuando escucho "mesa de dos patas" también con los ojos cerrados... por improbables o imposibles que sean uno y otra.
Pero ¿que ocurre cuando trato de idear conceptos, digamos, abstractos tales como solidaridad, ternura, envidia o afecto? Estos conceptos no tienen figura, al menos que sea homologable para una comunidad. ¿Qué imaginamos o ideamos cuando oímos estos conceptos?. Aconsejo, a quien pueda hacerlo, realizar el experimento frente a un grupo de personas... y seguramente podrá observar los resultados en directo.
Para los que no lo hagan, comentaré dichos resultados.
Ningún problema con las ideaciones de objetos materiales... y problemas de distinta índole (sobre todo asociados a experiencias personales) con los objetos inmateriales.
Así pues, si sugiero, por ejemplo, el concepto libertad puede haber alguien que evoque la Estatua de la Libertad... o las rejas de la cárcel (como ausencia de...). Lo que consideramos libertad tiene un signo, un nombre, un sonido, una imagen… y la ausencia de signo equivale a la ausencia de concepto pues no tenemos forma de asirlo, evocarlo o trasmitirlo.
Pensamos con palabras. Todo un descubrimiento. Porque sin palabras no pensamos. La limitación de léxico implica limitación de pensamiento. Y modificar los significados conlleva cambios en el pensamiento.
Por eso, dado que solo tenemos un concepto para blanco (por ejemplo) no podemos conocer ni transmitir las otras 29 variables de blanco que utilizan usualmente los esquimales, mientras que los esquimales verían muchos blancos que existen entre nosotros, pero que nos pasan como inexistentes o indiferenciados. 
Si digo amor (y el grupo es de adolescentes) seguramente las ideaciones serán sexuales... pero eso es hormonal...
Lo cierto es que vamos descubriendo que las  evocaciones de los conceptos van siendo, sobre todo, imágenes lingüísticas, de palabras, de letras, generalmente escritas aunque también podrían ser imágenes acústicas, sonidos de palabras... antes de tener asimilado el proceso de lectoescritura. Este es el vínculo asociativo entre lenguaje y pensamiento. Pensamos con palabras porque el lenguaje es el intermediador entre el pensamiento y la realidad, o si preferimos la conexión del pensamiento con la realidad.
La rotura o falseamiento del vínculo entre lenguaje y pensamiento nos lleva comprensiones más pobres o deformadas de la realidad. Sugerir, aconsejar o imponer formas de decir, más políticamente correctas o ideológicamente sesgadas, significa indefectiblemente sugerir, aconsejar o imponer formas de pensar, y de analizar lo real, más homogéneas y menos discrepantes. Significa la renuncia crítica a lo establecido fuera de eslóganes y líneas rojas. Significa que alguien quiere controlar y que otros se prestarán a ser controlados. Todo a cambio de pertenencia al grupo. Fuera hace frio y los errores colectivos son más fácilmente disculpables…, creemos.
Cambiar la realidad.
Ah. Esa cosa que inventaron... ¿los marxistas? o fueron ¿los  premarxistas, es decir, el hombre? ¿Es que el cambio de la realidad, para hacerla mejor, es un invento del siglo XIX, o más bien un resultado de la inteligencia humana? ¿Había inteligencia antes del marxismo? Supuestamente si (no quiero ofender a los más adoctrinados) basándome en la Civilización Griega y Romana, el Escolasticismo, Renacimiento, Barroco... Hipócrates, Aristóteles, Galileo, Leibniz, Newton, Lavoisier, Lorentz... cambiaron la realidad. Analizándola y estudiándola de forma sistemática, rigurosa y científica. Así ha ido el progreso humano: más veces hacia adelante que hacia atrás (que también), utilizando el pensamiento como un proceso lento, difícil y laborioso de acercarse a la realidad, o a acotaciones de ella, sea ésta cual sea. En resumen, así, logramos vivir mejor y más tiempo. Y eso es una mejora de la realidad. Mejora contante y palpable.
Otra forma más sencilla y pretenciosa de intentar cambiar la realidad es modificándola no en su estructura, tarea habitualmente larga, tediosa, compleja y lenta, sino en su nominación, a través del lenguaje, cambiando a un concepto real su nombre o al nombre el contenido del concepto real.
Sin el pensamiento. Solo con consignas y eslóganes. Algo como entre fácil y pegadizo. Vamos como una canción de verano. Es como intentar pasar nadando un río... pero sin mojarse. Es decir, no cambiar la realidad, sino que solo lo parezca.
Así los pensadores/embaucadores se ahorran mucha inteligencia, tiempo, esfuerzo, contradicciones... y los embaucados, también. El problema es que la realidad no cambia, solo lo parece.
Barcelona, 11 de Marzo de 2016

Cordero

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